La identidad descentralizada permite a los bancos simplificar la verificación de los datos de sus usuarios al mismo tiempo que minimiza sus riesgos.

Históricamente, la identidad de las personas ha sido analógica, plasmada en un papel que da fe de la existencia de un individuo. Pero a medida que pasamos más tiempo en entornos virtuales como dispositivos, aplicaciones y servicios en línea, esta identificación ha ido evolucionando.

La identidad digital descentralizada es un marco de intercambio de información en donde los identificadores de una persona, como su nombre o fecha de nacimiento, se convierten en credenciales únicas que se registran sobre tecnología blockchain, un sistema que imposibilita la modificación, copia o manipulación de los datos.

La información no pertenece a un Estado o entidad, sino a los usuarios, lo que facilita su portabilidad, uso e intercambio en el mundo digital. Además, es segura, pues ellos son los únicos que tienen control sobre los permisos de uso de sus datos.

En este contexto, ¿qué podría resolver la ID descentralizada para la banca?

Empresas como Microsoft, ya están trabajando en soluciones preliminares para que las empresas habiliten plataformas de autoservicios y que sus usuarios emitan certificados de identidad con datos electrónicos verificables y auditables, lo que permitirá a los bancos interactuar con menos riesgos.

Y si, por ejemplo, el usuario decide darse de baja de una app, servicio o plataforma, puede retirar el certificado y con él, todos sus datos.

Este esquema también permite al usuario “llevar” su certificado a las plataformas y darles trazabilidad y transparencia; partiendo siempre del requisito de que las empresas que quieran hacer uso de la data operen sobre cadenas de bloques (blockchain).

A nivel mundial, la identidad descentralizada aún está madurando, pero se posiciona como una solución de identidad soberana, que devuelve a las personas la privacidad y el control sobre la información que comparten en línea.

Además, respalda el acceso a servicios financieros al proporcionar información única del usuario.

Identidad digital en finanzas

Las iniciativas de identidad digital pueden hacer mucho por la inclusión financiera. El caso de la India se destaca: el sistema nacional de identidad digital, universal e interoperable lanzado en 2010 ayudó a enrolar a miles de millones de usuarios al sistema financiero, pues les proveyó de una identificación válida en el mundo virtual y real, que antes no poseían.

La identidad descentralizada incluso va un paso más allá, ya que el usuario puede crear su ID con los datos que quiera proporcionar y compartirlos con quién lo decida; por ejemplo, puede omitir compartir datos sensibles, como números de teléfono o dirección.

La generación del certificado inicia con el registro de datos básicos para comprobar la identidad del usuario, luego estos se insertan en blockchain, para que cuando un tercero quiera acceder a esa información, pueda verla, más no poseerla.

Hasta ahora las entidades han respondido a las nuevas necesidades virtuales aprovechando el despliegue de los dispositivos móviles para facilitar procesos de onboarding digital precisos que permitan establecer una identidad única para cada individuo.

Así, se apoyan en información que el cliente sabe (contraseñas o PIN), lo que tienen (cédulas de identidad), sus rasgos únicos (biometría facial u ocular) e incluso datos como la ubicación (apalancada en geolocalización por dirección IP) para lograr la verificación.

Pero este es apenas un primer nivel para resolver el problema de la identidad digital. Con los ID descentralizados se espera que métodos de seguridad ampliamente usados como las contraseñas, pierdan vigencia, porque el usuario posee una llave única e intransferible para acceder al certificado.

Los potenciales casos de uso de estos protocolos son vastos, desde generar registros médicos universales a incrementar la portabilidad financiera en esquemas de open banking, al conectar a la identidad datos transaccionales que el usuario puede compartir con las instituciones.

Se espera que la identidad digital descentralizada alcance madurez en los próximos años, pero es recomendable que no pase desapercibida para los bancos, especialmente por sus potencialidades en ciberseguridad.

Para las instituciones financieras, pasar del papel a lo digital ha sido un camino natural que responde a las necesidades del mercado y los usuarios. En este contexto, la identidad descentralizada será un nuevo desafío para mejorar la inclusión, experiencia y seguridad del cliente.

 

 

 

Andy Tran