Huella de carbono

 

 

La industria financiera se suma activamente a las iniciativas sustentables, incentivada por la tecnología y la analítica de datos para apostar por una economía más verde de cara hacia el futuro

Los bancos están prestando cada vez más atención al cambio climático y, sobre todo, a cómo reducir su huella de carbono -y la de sus clientes- para combatir la emisión de gases con impacto ambiental.

Este indicador ambiental es entendido como la cantidad de gases de efecto invernadero que generamos empresas y personas con nuestros consumos, acelerando el avance del cambio climático. Todas las actividades económicas generan un rastro que puede ser medido según su impacto y expresado en toneladas de CO2 equivalente (CO2eq) emitidas. Por ejemplo, al cargar un celular o al utilizar electricidad para iluminar, refrigerar o encender la calefacción así como las emisiones generadas por traslados de mercancías o personas con el transporte en automóviles y aviones.

Si bien se trata de una problemática que afecta al globo entero, la relevancia para el mercado europeo data de 2015, cuando la Conferencia sobre el Clima de París (COP21) puso a la industria financiera en el centro del debate sobre la degradación ambiental. Desde entonces, líderes del G20 declararon su intención de ampliar las denominadas iniciativas de “finanzas verdes” como, por ejemplo, impulsar el mercado de bonos sustentables para financiar proyectos de energía limpia y renovable.

Por ende, las instituciones financieras se están involucrando rápidamente para apoyar y liderar la transición hacia un mundo con menor impacto para el futuro.

RASTREANDO EL IMPACTO AMBIENTAL

Por una parte, los bancos están desarrollando nuevos enfoques, tecnologías y métodos para cuantificar la intensidad de las emisiones de los destinatarios de sus actividades de préstamo e inversión, de acuerdo con un estudio elaborado por PWC sobre el compromiso de estas entidades en reducir su huella. Es decir, realizan esfuerzos con el objetivo de conocer realmente el impacto ambiental que generan las empresas a las que le otorgan créditos, inversiones y recursos, con el fin de ayudarlas a disminuirlos y redirigir los fondos a actividades con mayor perfil sustentable.

La medición de las emisiones financiadas es un primer paso tangible para generar confianza en las instituciones financieras en lo que refiere a su intención de integrar el cambio climático en su negocio principal, el de proporcionar capital.

Por ejemplo, BBVA está incorporando tecnologías apalancadas con análisis de datos para permitir que las empresas identifiquen la cantidad de gases de efecto invernadero que emiten a la atmósfera con su actividad diaria, un mecanismo que a su vez provee información para explorar nuevas líneas de negocio sostenibles.

Por otro lado, de cara hacia personas, los bancos también están articulando soluciones simples para apoyar a sus usuarios graficando sus consumos y emisiones, motivándolos a cambiar sus patrones y contribuir a iniciativas verdes.

En esa línea, el banco Santander desarrolló una metodología de cálculo de las emisiones de CO2 asociadas a cada una de las transacciones que realiza un cliente con tarjetas de crédito, débito o domiciliaciones, en función de su importe en euros y la rama de actividad vinculada a cada una.

“Los bancos están entrando en el terreno de juego de la sostenibilidad para liderarlo”, afirmó Ana Riveiro, directora de Inversiones Sostenibles de Banco Santander en el marco del encuentro empresarial “Banca Verde: Estrategias para reducir el impacto medioambiental”, organizado por el diario El Economista en colaboración con Veritran en Madrid, el mes pasado.

“Los bancos son aliados en el avance hacia la una economía sostenible. La tecnología y las herramientas digitales permitirán reducir el impacto ambiental del sector y ayudarán a las entidades a minimizar su huella y la de sus clientes, mientras se genera rentabilidad”, destacó Gabriela Giannattasio, vicepresidenta de EMEA de Veritran durante el mismo evento.

COMPENSAR LA HUELLA DE CARBONO

Asimismo, la data juega un rol preponderante en este contexto. Ya que las emisiones de carbono suelen estar vinculadas con el gasto, una forma eficiente de estimar la huella de un cliente es utilizar su información transaccional.

El gasto de los clientes puede dividirse en categorías como alimentación, educación y transporte, entre otras, y así brindarles la estimación de emisiones de cada tipo con gráficos disponibles en los canales digitales. A través de los ciclos de retroalimentación, los cálculos se refinan y la información se vuelve más rica, contribuyendo progresivamente a orientar las decisiones hacia las finanzas sostenibles.

Asimismo, es relevante la oferta de productos verdes para intentar compensar la huella, como la compra de bonos de carbono para financiar proyectos de reforestación, energías renovables o nuevas tecnologías ecológicas.

Desde el apartado de la banca empresarial, la información también ayuda a las instituciones en su misión de replantearse las emisiones que capitalizan a través de préstamos y/o inversión.

Las entidades financieras necesitan información ambiental, social y de gobernanza (ESG) actualizada para tomar decisiones informadas sobre sus carteras. Es así como, por ejemplo, se está empleando inteligencia artificial (IA) en pos de pronosticar la intensidad de las emisiones de carbono de los clientes corporativos.

Un método de pronóstico consiste en recopilar las métricas consideradas relevantes para predecir las emisiones de las empresas y fusionarlas con modelos de aprendizajes automáticos para establecer y aprender de las relaciones arrojadas a partir de los datos, mientras se resaltan las oportunidades de inversión y las necesidades de capital en nichos estratégicos.

Las instituciones financieras son conscientes de que todas estas acciones son esenciales de cara al futuro de mediano plazo. “Se estima que de aquí a 2050, será necesario la inversión de un 8% del Producto Interno Bruto (PIB) mundial para la transformación ecológica“, expuso Alfonso de la Lastra, Head of Sustainability Strategy de BBVA. “Es verdad que habrá ayudas públicas, pero es imperativa la inversión privada y, en este aspecto, los bancos tenemos un rol fundamental, como canalizadores de todo este capital”, añadió.

Está visto que las entidades bancarias seguirán teniendo un papel central en la transformación ecológica actual, apoyadas en la tecnología y los datos. Su misión es seguir avanzando los procesos en materia de gobernanza social y ambiental (ESG) en una constante búsqueda por identificar las oportunidades empresariales que resulten más sostenibles con miras a cimentar un mejor futuro para todos.

Andy Tran