Con productos como hipotecas verdes o créditos para autos híbridos, la industria financiera se une en la lucha para frenar el cambio climático

Ante la gravedad de los desafíos ambientales, las acciones destinadas a combatir el deterioro del planeta se han trasladado desde las ONG hasta las grandes industrias. Y la financiera no es la excepción.

La banca verde ofrece servicios ambientalmente responsables y, además, incluye mejores prácticas de desarrollo a nivel interno, sumando así un costado ético y ecológico a la operatoria.

Los protocolos sostenibles elevan la competitividad del negocio al reducir costos y mejorar la eficiencia de los recursos considerando también que los usuarios cada vez eligen incluir en sus vidas a marcas que demuestren su compromiso con la sustentabilidad.

Esta nueva necesidad aplicada al ámbito financiero toma forma en productos que proporcionan una opción transparente para reducir la huella de la actividad bancaria.

Desde hace ya un tiempo, los clientes están buscando que las instituciones financieras reduzcan su impacto directo y generen beneficios ambientales, de acuerdo con el informe Financiera verde: Productos y servicios del North American Task Force (NATF) de las Naciones Unidas.

Y el 90% afirmó que la crisis climática le genera inseguridad respecto a su futuro, según una encuesta sobre el clima realizada por la consultora de tendencias de consumo WGSN en 2019, en un reflejo de que los consumidores tienen al planeta entre sus prioridades.

Pero, ¿cómo materializar un producto financiero con un perfil más eco amigable y que a su vez sea utilitariamente atractivo para el usuario sin perder la rentabilidad para el banco?

Estrategias para crear una banca verde

Hay varias maneras con las cuales las instituciones financieras pueden apoyar la lucha en contra del calentamiento global y así alinearse con las expectativas de sus clientes.

Los prestamos sostenibles son un buen ejemplo. Este tipo de financiamiento se caracteriza por tener una tasa de interés más baja o flexible, siempre que apunten a proyectos o empresas que generen menos residuos y contaminación.

En Estados Unidos, por ejemplo, algunos prestamistas están otorgando créditos para la construcción de edificios que tengan una huella verde a largo plazo, sobre todo en equipos y materiales de condominios energéticamente eficientes.

Dentro de esta categoría se incluyen las hipotecas verdes, una propuesta ecológica en la que los bancos comerciales alrededor del mundo se han venido enfocando. Éstas se caracterizan por estar dirigidas a la compra de viviendas que emplean eficiencia energética, electrodomésticos con esta característica o energía a través de paneles solares.

También existe la opción de trabajar en créditos inmobiliarios orientados a la modernización de viviendas que apunten a modificar los sistemas de energía convencional por una más sustentable.

El mercado vehicular también se convierte en un espacio ideal para aprovechar el desarrollo de productos financieros sostenibles. Junto a una tasa más baja y competitiva, los créditos verdes pueden resultar atractivos para el usuario si se otorgan hacia vehículos híbridos y eléctricos.

Banca digital = Banca verde

Las finanzas digitales están demostrando su capacidad para simplificar trámites a fin de hacerlos más eficientes, limpios y conscientes.

La tecnología permite digitalizar muchos productos -y procesos- a fin de utilizar menos materiales de escritorio en las transacciones financieras. Con el avance de las firmas digitales, la obtención de créditos, la apertura de cuentas y los trámites en general han recortado sus largos procesos de papeleo y limitado los traslados del cliente de un punto a otro.

La banca digital también permite recopilar datos rápidamente a costos más bajos, aumentando la transparencia y el acceso a la información que permite a los bancos planificar mejor sus acciones medioambientales como, por ejemplo, la emisión de tarjetas virtuales o la compra de autos eléctricos, a fin de dirigir más efectivamente la oferta de créditos.

Otra iniciativa financiera que puede funcionar para sumarse a la tendencia eco amigable es la emisión de tarjetas de crédito de carbono, que miden la contaminación asociada a la actividad económica del usuario y pueden ayudarlo a limitar su impacto nocivo. No obstante, un desafío en este contexto es una infraestructura digital débil, así como una limitada disponibilidad, valor y uso de datos relacionados con la sostenibilidad para la toma de decisiones financieras.

De todas formas, vale la pena tener una visión sustentable para el futuro, tanto por responsabilidad social y reputación como por estrategia de negocio.

Andy Tran