La inclusión digital por sí sola no logra la equidad, pero puede ser el puntapié para lograr independencia y empoderamiento social y económico  

No es novedad que las mujeres no poseen el mismo acceso a los servicios financieros que los hombres. Y lamentablemente, esta brecha de género, que ya era considerable, solo se agravó con la pandemia.  

Estamos frente a una regresión de más de una década en materia de participación económica femenina. Incluso antes de 2020, las mujeres representaban el 56% de la población no bancarizada en el mundo, según el Banco Mundial.  

Al hablar de inclusión bancaria, no podemos dejar de lado el estado de la empleabilidad, pues son conceptos que van muy estrechos. Hoy, afectadas por la dificultad de equilibrar el trabajo y la vida familiar -algo que empeoró con los confinamientos-, la presión por cumplir roles de cuidadoras y la brecha salarial de género, la participación en la fuerza laboral global se ubica en 47% para mujeres versus un 72% en hombres, según informa la Organización Internacional del Trabajo (OIT).  

Las finanzas digitales pueden y deben contribuir a la disminución de esta grieta, brindado productos que permitan que la población femenina se incluya al sistema y mejore su patrimonio. 

Por sí sola, la inclusión financiera no generará la tan buscada equidad. Pero solamente con un acceso igualitario a la gama completa de servicios y productos financieros (ahorro, crédito, seguro, pagos), acompañado de educación, las mujeres tienen una oportunidad de empoderamiento social y económico. 

La mejora de estas condiciones para las mujeres también tiene un impacto en el resto de la sociedad. Que ellas puedan asegurar su estabilidad e independencia financiera, convirtiéndose en sujetos menos vulnerables de abusos y desigualdad económica, impulsa el bienestar social general y puede contribuir sustancialmente a la productividad a nivel mundial. 

MICROCRÉDITOS QUE EMPODERAS 

Las finanzas digitales demostraron su capacidad para distribuir beneficios económicos en poblaciones vulnerables en medio de la pandemia, llevando servicios a millones de personas hasta entonces no bancarizadas o sub-bancarizadas; es decir, que ignoraban que tenían una cuenta o la usaban muy precariamente. 

En este sentido, los beneficios de la transformación digital (facilidad de abordaje y uso, onboarding digital, disponibilidad 24/7 y una experiencia de usuario simple e instintiva) pueden tener impacto en las mujeres que requieren productos específicos para sus realidades. En este contexto, destacan los microcréditos, que han demostrado ser un disparador para el emprendimiento, especialmente en las economías emergentes. 

Los hombres tienen mayor acceso al crédito, una realidad que avanza sin contemplar que las mujeres constituyen un gran sector de la economía 

Una clara muestra de esto es que, entre las empresas dirigidas por mujeres en América Latina, el 70% que solicita crédito no lo obtiene, según el Banco interamericano de Desarrollo (BID). 

Entonces, ¿las mujeres no son “financieramente viables” para el otorgamiento de créditos? Al contrario. Suelen registrar tasas de pago más elevada.  

La personalización de la oferta, considerando estas realidades, será fundamental para la captación de nuevos clientes. Y se deberá tener en cuenta el tamaño de los préstamos, los plazos de pago y la posibilidad de acompañarlos con asesoría financiera. 

El acceso a microcréditos da autonomía a las mujeres, porque abre la oportunidad de generar actividades que les brinden formas de sustentarse sin depender económicamente de otra persona. En este sentido, las entidades financieras cuentan con una gran oportunidad para contribuir con la disminución de la brecha de género y captar un nuevo sector del mercado. 

ACCESO A SEGUROS DE VIDA Y CUENTAS DE AHORRO 

El acceso a seguros inclusivos juega un rol importante en la reducción de la brecha de género. Si bien algunas instituciones ofrecen productos a la medida, con cobertura especializada en diagnósticos, tratamiento e indemnización por enfermedades relacionadas con la anatomía femenina, como cáncer de mama, todavía hay mucho por hacer.  

Por ejemplo, en México sólo el 23% de la población asegurada son mujeres, según estadísticas oficiales.  

Los seguros ayudan a prever los gastos para lidiar con padecimientos e imprevistos, para evitar la incertidumbre económica. Por eso, las mujeres que no están aseguradas quedan más expuestas a los créditos especulativos o la venta de activos, cuando los siniestros ocurren.  

Es cierto que esta es una realidad que afecta sin importar el género. Pero como ya vimos, las mujeres son más propensas a la vulnerabilidad económica por su menor participación en el mercado laboral formal y por tener trabajos con remuneraciones más bajas, a pesar de desempeñar labores similares a sus pares masculinos.  

Los seguros digitales son una opción para cubrir necesidades específicas, valiéndose de las herramientas de minería de datos para la personalización de los servicios. Pues no son una población homogénea, sus realidades varían según sus ingresos, edad o contexto económico. E incluso influye el momento de vida en el que se encuentren: matrimonio, maternidad, divorcio. 

Según el estudio SheForShield de la Corporación Financiera lnternacional, las aseguradoras y bancos tienen en sus canales de distribución digital un aliado para aumentar la conciencia y comunicación con las clientas, que prefieren los servicios virtuales que les permiten ganar tiempo para administrar sus ocupadas agendas familiares y profesionales.  

Del mismo modo, el poder tener un instrumento de ahorro ayuda a manejar riesgos relacionados con la salud, las finanzas personales y las inversiones, brindando así una mayor participación económica femenina en el hogar.  

Sin embargo, a nivel mundial las mujeres tienen 9% menos probabilidades que los hombres de tener una cuenta o usar banca móvil, y la brecha es aún mayor en los países de más bajos recursos, según datos del Banco Mundial. 

Las cifras son contundentes y el reto está trazado: es menester seguir innovando en servicios digitales accesibles, fáciles de usar y adaptados a las realidades de la población femenina. Sólo así será posible avanzar hacia una industria financiera más inclusiva y sustentable. 

Andy Tran