Digitalización e Inclusión Financiera en México: Del Efectivo a la Bancarización
Aunque en México se han realizado múltiples esfuerzos para reducir el uso del efectivo, aproximadamente 46.4 millones de personas mayores de 18 años aún no están bancarizadas. De acuerdo con el informe Resultados de estudios cuantitativos y cualitativos sobre efectivo 2023, publicado por el Banco de México, más del 51% de la población mexicana no tiene acceso a servicios financieros formales. Esta situación no solo refleja una brecha económica y social importante, sino que también representa una gran oportunidad para impulsar una transformación financiera verdaderamente incluyente.
El efectivo: una costumbre profundamente arraigada
El uso de billetes y monedas sigue siendo el principal medio de pago en el país. El 93% de las personas utiliza efectivo diariamente para realizar sus gastos. ¿A qué se debe esta preferencia? Las principales razones según el informe del Banco de México son:
- 43% lo considera más práctico,
- 19% afirma que no tiene otra opción,
- 11% lo percibe como un método más seguro.
Además, el 31% de la población guarda efectivo en casa, ya sea como ahorro o para emergencias. Sin embargo, esta dependencia del efectivo genera complicaciones. Por ejemplo, el 15% de los usuarios ha dejado de pagar algún bien o servicio por falta de cambio, y el 5% ha recibido cambio incorrecto. Esto evidencia cómo la excesiva dependencia del efectivo puede limitar la eficiencia de la economía.
Acceso limitado a infraestructura financiera
Retirar efectivo no siempre es fácil. El 47% de las personas utiliza cajeros automáticos, y otro 26% recibe su salario directamente en efectivo. Sin embargo, acceder a estos servicios tiene un costo: implica tiempo y, en muchos casos, un gasto adicional. El 14% de los usuarios tarda entre 21 y 30 minutos en llegar al cajero automático más cercano, y el 38% gasta más de 20 pesos en el traslado. Lo mismo ocurre con las sucursales bancarias, especialmente en comunidades rurales o alejadas de centros urbanos.
Estas dificultades afectan particularmente a personas adultas mayores, personas con discapacidad y quienes tienen ingresos limitados. Por ello, el acceso financiero no puede definirse únicamente como cercanía geográfica a un banco o cajero, sino como la posibilidad real de utilizar los servicios financieros disponibles.
Barreras invisibles a la bancarización
Más allá de los obstáculos físicos, existen barreras culturales y educativas que también dificultan la bancarización. Muchas personas no confían en las instituciones bancarias, ya sea por experiencias negativas previas o porque las perciben como inaccesibles o diseñadas solo para ciertos sectores. Esta desconfianza, sumada a la falta de educación financiera, complica el uso de herramientas digitales.
Por ejemplo, solo el 2% de la población utiliza SPEI o realiza transferencias electrónicas, a pesar de sus ventajas. Cuando los usuarios no comprenden bien los productos o servicios financieros, incluso las herramientas tecnológicas más avanzadas pueden quedar sin uso.
Por ello, la inclusión financiera debe partir de una comprensión profunda de las necesidades reales de las personas, y no limitarse a la imposición de soluciones tecnológicas.
Una transformación financiera centrada en las personas
La digitalización debe tener un enfoque centrado en el usuario. Las soluciones fintech, los monederos digitales y los sistemas de pagos electrónicos son fundamentales para ampliar el acceso a la bancarización, pero deben responder a problemas reales.
Por ejemplo, herramientas que permiten abrir cuentas digitales sin trámites burocráticos representan un avance significativo para incluir a quienes tradicionalmente han estado excluidos. Pero esto también implica desarrollar interfaces amigables, accesibles en distintos idiomas, con funcionamiento incluso sin conexión constante a internet, y acompañar su implementación con programas de capacitación comunitaria.
Además, es indispensable fomentar alianzas entre el sector público y privado para invertir en infraestructura, conectividad y formación digital. La inclusión financiera es un esfuerzo compartido.
¿Qué ganan las instituciones financieras?
La digitalización no solo genera beneficios para los usuarios; también representa una gran oportunidad para las instituciones financieras:
- Reducción de costos operativos, gracias a la menor necesidad de sucursales físicas y manejo de efectivo.
- Expansión del mercado, al llegar a poblaciones antes no atendidas.
- Obtención de datos valiosos, que permiten diseñar productos financieros más personalizados y ajustados a la realidad de los usuarios.
- Mejor cumplimiento regulatorio, al facilitar la trazabilidad y transparencia de las operaciones, combatiendo así la evasión fiscal, el lavado de dinero y la corrupción.
- Posicionamiento competitivo, al liderar la innovación en la industria.
Al apostar por soluciones financieras inclusivas, las instituciones no solo cumplen con un rol social, sino que se preparan para un mercado más amplio, dinámico y digital.
El papel de las fintech y los pagos digitales
Las fintech tienen un potencial enorme para cerrar la brecha entre el efectivo y los servicios digitales. A través de monederos digitales, las personas pueden pagar, ahorrar, recibir apoyos sociales o gestionar microcréditos sin necesidad de contar con una cuenta bancaria tradicional.
Si están bien diseñados, estos productos pueden empoderar a millones de personas, especialmente en zonas rurales o con baja bancarización. Hoy en día existen soluciones que van desde plataformas de pago hasta microseguros adaptados a necesidades muy específicas.
Las fintech han demostrado agilidad y capacidad para innovar con rapidez, creando soluciones flexibles y centradas en el usuario. Esto les permite responder a desafíos que, históricamente, la banca tradicional no había podido resolver.
Un futuro digital con inclusión financiera real
No basta con lanzar productos digitales para lograr la bancarización total en México. Es necesario educar, generar confianza, garantizar el acceso y construir infraestructura para que nadie quede excluido.
La modernización financiera no puede verse solo como un avance tecnológico: debe entenderse como un compromiso social. Avanzar hacia un país donde cada persona tenga la capacidad de decidir cómo, cuándo y dónde manejar su dinero, con seguridad y facilidad, es clave para reducir desigualdades y construir una economía más justa.
La digitalización es el puente entre el presente y un futuro más inclusivo. Pero ese puente debe construirse considerando las realidades y necesidades de quienes hoy todavía dependen del efectivo. Solo así será posible lograr una bancarización que transforme, perdure y beneficie a todas y todos.
Este camino del "efectivo al digital" representa una gran oportunidad para las instituciones que decidan innovar con propósito. En Veritran, estamos listos para acompañar ese proceso como aliados estratégicos. Descubre cómo nuestras soluciones digitales pueden impulsar la bancarización e impulsar la evolución de tu negocio.